lunes, 10 de septiembre de 2007

Notas de final de función

Esta noche fui mujer, hombre, niña y vieja, esta noche lloré y reí con gente que nunca había visto y que nunca volveré a ver. Esta noche un espacio vacío fue poblado de historias que se van con cada uno de los que allí estuvimos, el público y la compañía fuimos niños dejando que el duende se paseara por nosotros y así memoria de uno se hizo la de todos y así, nuestros pasos aislados se transformaron en una pequeña travesía, en una travesía de pequeñas historias.

Travesía de pequeñas historias*

reflexiones de fin de curso 2006
Pequeñas historias que se han ido entretejiendo entre nosotros, martes a martes, las ilusiones, las luchas, días de frío, tardes de calor, miedos, los triunfos, amores y desamores…
Nuestra muda audiencia pintada en una tela gris que miraba, que escuchaba las historias que nos contamos, nos actuamos unos a otros.
Travesía, trayecto, camino, tormentas y calmas, pasados, infancias, historias de otros, sensaciones de todos, descubrimientos.
Nos trajimos pedazos de nosotros en palabras y juegos, en textos y abrazos.
Este es el teatro espontáneo, un camino humilde, donde el arte es escuchar y respetar las historias que nos cuentan, es regalarle el cuerpo a un sueño que quiere ser visto, a un reencuentro esperado, a esa pequeña gran historia que es, en definitiva, un pedazo de vida hecho palabra. Es conmoverse, pero seguir jugando, es tener miedo y seguir actuando y al salir de la función irse poblado de mil historias en cuerpo y alma.

En el teatro espontáneo no hay nada antes de que ocurra, el espacio está vacío de todo, de historia, de escenografía, de sentido. La magia ocurre en un juego de confianza y de entrega

*esta expresión pertenece a María Elena Garavelli